¿Qué es la capitalización simple? – Definición y ejemplos

Conocer fórmulas financieras como la capitalización simple resulta del todo necesario para un usuario que pide un préstamo bancario. De este modo, podrá calcular qué es lo que de verdad…
Capitalización simple

Conocer fórmulas financieras como la capitalización simple resulta del todo necesario para un usuario que pide un préstamo bancario. De este modo, podrá calcular qué es lo que de verdad va a pagar a la hora de tener que financiar su coche o los estudios.

Para ello, es necesario ser consciente de que el capital (o dinero que el banco presta) es mutable. Es decir, varía a lo largo del tiempo y se generan intereses que van a aumentar la cantidad de dicha cuantía.

Por consiguiente, en este artículo te contamos qué es la capitalización simple, explicando su definición y ofreciendo ejemplos para ilustrar esta operación en finanzas.

 

Capitalización simple

 

Capitalización simple: definición

¿Qué es la capitalización simple? A continuación, la definición de esta fórmula utilizada en el sector bancario:

La capitalización simple es una operación financiera que sirve para calcular la sustitución de un capital presente por el equivalente de un capital posterior. 

Para su cálculo se aplica la llamada ley financiera del régimen simple. Es decir, la capitalización simple solamente se va a emplear con capitales con un corto plazo (igual o menos de 1 año), ya que para tiempos más largos se emplea la capitalización compuesta.

Para saber qué es la capitalización simple, es importante conocer su fórmula. Con la siguiente operación, el usuario podrá calcular los intereses generados de un capital, que tendrá que sumar la cantidad inicial indicada por el banco:

I=Co x i x t

Pero, antes, con el objeto de comprender esta fórmula, es necesario saber cuáles son sus variables:

  • “I” responde a los intereses generados.
  • “Co” se trata del capital inicial.
  • “i” significa la tasa de interés aplicada.
  • “t”, el tiempo que dura la inversión.

En otras palabras: para conocer los intereses del capital, hay que saber cuál es el capital inicial, su tasa de interés y el tiempo que dura toda la inversión. Estos factores esenciales tendrán que multiplicarse entre sí para obtener el resultado.

Cabe destacar que los intereses de la capitalización simple no son productivos. Esto significa que se generan siempre del capital inicial y no dependen de otros factores externos como puede ser el Euríbor.

 

Diferencias entre capitalización simple y compuesta

Entonces, ¿cuáles son las diferencias entre capitalización simple y capitalización compuesta?

La diferencia principal entre ambos tipos de capitalizaciones es que en la capitalización compuesta los intereses sí que son productivos.

El capital inicial va generando una serie de intereses que se suman a ese importe, con el objeto de generar nuevos rendimientos. 

Si necesitas ejemplificar este tipo de capitalización, la capitalización compuesta respondería al proceder de los fondos de inversión o planes de pensiones.

Para calcular la capitalización compuesta se emplea la siguiente fórmula (las variables son las mismas que antes, lo único que ”^” significa “elevar a”):

I = Co * ((( 1 + i) ^ t ) – 1 )

De este modo, para calcular el capital final a través de la capitalización compuesta se lleva adelante la siguiente operación:

Cf= Co +  I

 

Ejemplo de capitalización simple

Dejando a un lado la teoría, ha llegado el momento de pasar a la práctica y comprender de una manera óptima qué es la capitalización simple, a través del siguiente ejemplo:

En un capital inicial de 1.000 euros con una tasa de interés del 5% al año, habrá que realizar la siguiente operación:

1.000 x 0,05 x 1

(Mil euros por su cinco por ciento por el año que dura el préstamo)

Esto nos dirá que cada año se generan 50 euros de intereses. Entonces, para obtener el capital final, habrá que sumar el capital inicial (los 1.000 euros) a los 50€ de intereses, lo que dará un resultado de 1.050 euros.

Importante: para que la fórmula sea correcta, es imprescindible que la tasa de interés y el tiempo de la inversión se encuentren en la misma unidad temporal. En este caso, son años, pero también el banco podría hablarte de meses. Así que es cuestión de convertir una unidad temporal en otra:

Si el banco te habla de “6 meses”, estos equivalen a la mitad de un año. Por consiguiente, son 0,5 años.

 

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